Letra P - Pene

 

Pene

m. Órgano genital externo del varón, constituido por el tejido erectil y la uretra peneana. El tejido eréctil corresponde a los dos cuerpos cavernosos y al cuerpo esponjoso, en cuyo interior se encuentra la uretra. La extremidad libre del cuerpo esponjoso está dilatada formando el glande, cubierto por un repliegue de piel llamado prepucio.

Penetración

f. Propiedad de los rayos X que indica su capacidad para atravesar la materia.

Penetrancia

f. Proporción de individuos portadores de un genotipo que muestran el fenotipo esperado en unas condiciones ambientales concretas.

Pénfigo

m. Dermatosis grave que se caracteriza por la aparición de ampollas.

Penicilina

f. Cualquier antibacteriano que presenta en su estructura química central el anillo betalactámico. El primer fármaco, la penicilina G, fue descubierto de forma casual por Alexander Fleming en 1929 y empezó a utilizarse en 1945. Existen varios grupos de penicilinas de acuerdo a su estructura química que se diferencian por su actividad antibacteriana. Producen efecto bactericida mediado por la inhibición de la síntesis de la pared bacteriana al fijarse a enzimas PFP (proteínas fijadoras de penicilina) que resultan fundamentales. Las bacterias desarrollan resistencia, con frecuencia moderada, mediante la producción de enzimas inactivadoras, denominadas betalactamasas, o por la modificación de las PFP. Son antibióticos bien tolerados, aunque sobresale la frecuencia con que provocan reacciones alérgicas, que resultan cruzadas entre todos ellos.

Penniforme

adj. Se dice de la estructura con forma semejante a una pluma. Algunos músculos presentan sus fibras insertándose a uno y otro lado de un tendón, como las barbas de una pluma; a tales músculos se les llama penniformes.

Pensamiento

m. Este término puede tener varias acepciones: 1) capacidad y ejercicio de la actividad intelectiva del hombre; 2) proceso del pensar; 3) fruto o término del pensar. Pero todas tienen en común que lo consideran algo exclusivamente humano; de hecho, aquí nos vamos a referir solamente a la capacidad de pensar. Esta capacidad se resume en dos actividades: abstraer y reflexionar. La abstracción es el proceso por el que la mente capta aquello que es esencial en lo que percibimos. Los sentidos nos suministran la imagen de lo concreto y de lo individual, es decir, de las cualidades accidentales, cambiantes, como el color, la forma, el sonido, el peso, etc., de los objetos sensibles. Si esto lo referimos a una mesa, p. ej., ninguna de esas cualidades constituye lo esencial de una mesa. Hay mesas de madera o de mármol, las hay cuadradas, redondas, elipsoidales, pueden tener un soporte, cuatro o múltiples, y todas son mesas. Así, la información que nos proporcionan los sentidos no corresponde al concepto, a la idea, de mesa. Para llegar a una idea que convenga a toda esa diversidad de mesas hay que prescindir de lo accidental, de todo lo sensorial, o, en otras palabras, de toda la información que llega a la corteza sensorial. Queda claro, pues, que la abstracción o ideación es una función distinta de la sensación: esta es material, neuronal, aquella no es material, ni se realiza a nivel neuronal. Que en el proceso de abstracción se prescinda de lo sensible no quiere decir que la información sensorial sea superflua. Continúa teniendo vigencia el viejo aforismo: «no hay nada en el entendimiento que no haya pasado antes por los sentidos». De hecho, el conocimiento, o quizá mejor, el reconocimiento de los objetos concretos, tiene lugar cuando aplicamos el concepto al objeto particular. Porque, volviendo al ejemplo de la mesa, esta no es un color por un lado, una forma por otro, unas relaciones con lo que le rodea, sino un todo con una organización y un significado bien definidos, como le corresponde a esa mesa en concreto. Esa integración, ese significado «holista», no se obtiene directamente a través de la información sensorial, sino que en un segundo paso lo abstracto lo aplicamos al objeto singular. Por tanto, si lo que es propio de los sentidos y del sistema nervioso es lo que eliminamos, para llegar a la idea, es lógico pensar que la abstracción es una facultad que no radica en el cerebro. Algo parecido sucede con la reflexión. Somos conscientes de nuestra actividad de pensar, como Aristóteles dice en la Ética a Nicómaco: «sentimos que sentimos y entendemos que entendemos». Hay una reflexión de la inteligencia sobre su propio acto. El entendimiento, lo primero que conoce de sí mismo, es la propia acción de entender, y, después (si bien en el tiempo es simultáneo), el sujeto del entendimiento. De esta forma se capta el yo, como sujeto real del actuar y del vivir. Los que, por su concepción reduccionista del hombre, admiten que el cerebro es el último responsable del pensar y reflexionar no encuentran fácil explicación a estos fenómenos. Asumiendo que la reflexión tenga lugar en el cerebro, hay que admitir una de estas dos posibilidades: 1) que la reflexión tenga lugar en las neuronas; 2) que la reflexión sea consecuencia de la interacción entre una o varias unidades (columnas) funcionales de neuronas. Si la primera de estas posibilidades fuera cierta, existirían múltiples estados de consciencia, tantos como «neuronas conscientes», dado que los impulsos que llegan a ellas no son exactamente los mismos. La realidad, sin embargo, nos muestra que la consciencia es unitaria. Si fuera la segunda hipótesis, habría que admitir una serie indefinida de centros de integración, pues cada uno de esos centros estaría constituido por neuronas que necesitarían ser, a su vez, integradas. Esta sucesión indefinida de centros integradores no se puede admitir y, naturalmente, no se da en la realidad. Por tanto, se puede concluir que la reflexión exige una facultad no compuesta de partes y suficiente por sí misma. En definitiva, es la persona la que piensa y la que reflexiona, no una de sus partes, aunque sea la más noble, como el cerebro, pero sin perder de vista que la persona es alma y cuerpo en perfecta unidad y que sería caer en un dualismo admitir que la primera parte del proceso intelectual (la información que proporcionan los sentidos) es corporal y la abstracción y reflexión es espiritual. La persona no se desdobla en cada una de estas actividades: es la actora de ambas. La persona es la que siente, percibe y piensa.

Pentazocina

f. Opiáceo sintético derivado del benzomorfano (estructura tricíclica). Se caracteriza por su actividad agonista parcial-antagonista de los receptores opiáceos. Produce analgesia, sedación, depresión respiratoria y miosis. Está indicado para el tratamiento del dolor intenso. Farmacocinética: biodisponibilidad del 20% (importante metabolismo de primer paso). Presenta una rápida velocidad de absorción y de comienzo de acción, el 60% se une a proteínas plasmáticas, el metabolismo es principalmente hepático y la eliminación, renal. Tiene efectos secundarios frecuentes, aunque de importancia moderada, similares al resto de opiáceos (desorientación, mareos, nauseas y vómitos, sedación, alucinaciones, etc.). Produce dependencia.

Pentobarbital

m. Barbitúrico de acción rápida utilizado por vía endovenosa para la inducción de la anestesia o para el tratamiento del status epiléptico. Inicia su acción 30 segundos después de ser administrado, presenta alta liposolubilidad, metabolismo hepático y eliminación renal, así como efectos adversos moderados pero frecuentes: depresión respiratoria, espasmo bronquial, espasmo laríngeo, hipo, estornudos y tos.

Pentosuria

f. Presencia de pentosas en orina.

Péptido

m. Cualquier componente de las proteínas. Tienen un peso molecular bajo y, por hidrólisis, dan dos o más aminoácidos.

Percepción

f. Concienciación de la sensación. Es frecuente, tanto en el lenguaje popular como en el científico, utilizar como sinónimos percepción y sensación. Sin embargo, tanto por la etimología como por la acepción, que tradicionalmente se ha asignado a ambos términos, tienen un significado muy diferente. La sensación, neurológicamente, es el proceso nervioso mediante el cual un receptor, excitado por un estímulo, trasmite un impulso nervioso que, tras sucesivos relevos, llega a la corteza cerebral. La percepción, en cambio, es darnos cuenta de que sentimos. Mientras que el proceso sensitivo transcurre de forma similar en el hombre y en los animales, la percepción, en cambio, es muy distinta en ambos. En este sentido Kant distinguía entre sensación (Empfindung), causada por la acción del estímulo sobre los sentidos, la percepción (Wahrnehmung), mediante la que la sensación se hace consciente, y el acto de síntesis por el que se alcanza la representación formal (Erscheinung). Esta representación formal apunta a un principio de orden y organización, que solo puede provenir de una facultad metaneuronal. Avicena había dejado bien clara la distinción entre sensación y percepción: «hay diferencia entre aprehender formas y aprehender la intención. La forma es lo que aprehende el sentido externo (lo que ahora llamamos simplemente sentidos) de lo sensible. La intención es lo que aprehende el alma». La intención es el significado que tiene lo sentido para el que siente y, como es lógico, es totalmente diferente en el animal y en el hombre y, también, aunque con menor grado de diferencia, entre un hombre y otro. Pasando a un ejemplo: cuando en el campo visual de una leona hambrienta aparece una cebra, el estímulo visual llega a la corteza visual primaria y se integra en las áreas visuales secundarias y en las multimodales, hasta aquí es una sensación. Pero la imagen de la cebra no es como la del río en el que está abrevando, la cebra para la leona tiene un sentido preciso, es una presa comestible. En cambio, para un hombre que ve la misma escena, la sensación nerviosa es similar pero, a diferencia de la leona, en la cebra ve un animal de gran belleza y agilidad, que está alerta para huir del animal depredador, etc. El significado, la intencionalidad, en definitiva la percepción, es muy distinta en el animal y en el hombre. La percepción, con lo que tiene de consciencia e intencionalidad, es pues un proceso distinto al de la sensación, lo que lleva consigo una diferencia en cuanto a las facultades en las que se desarrollan: la sensación es proceso neurológico, con una vía y unos centros nerviosos bien conocidos, mientras que la percepción no tiene una localización cerebral, sino que es un proceso metaneuronal. En efecto, con la percepción se inicia un proceso de reflexión que permite, tanto al animal como al hombre, tomar conciencia de lo sentido. Esta consciencia no puede radicar ni en las neuronas aisladas ni en las unidades funcionales, constituidas por redes neuronales a las que Eccles ha dado el nombre de «dendron». A las neuronas solo llegan impulsos nerviosos codificados, pero no vemos u oímos impulsos codificados, sino la imagen visual o auditiva de los objetos sentidos. Esa transformación de los impulsos nerviosos codificados en una imagen real es un proceso metaneuronal, lo mismo que la vertiente intencional de la percepción.

Perceptibilidad

f. Capacidad para la detección o el reconocimiento, a través de los sentidos, de una alteración.

Percutáneo

adj. Se dice de aquello que se realiza a través de la piel. || Procedimiento que se realiza introduciendo el material mediante una punción cutánea.

Pérdida de funcion del injerto

Incapacidad de un órgano trasplantado (corazón, hígado, riñón, páncreas, pulmón, etc.) para cumplir su función y que condiciona la muerte del paciente, si es un órgano vital (corazón, hígado, pulmón), o la vuelta del paciente al programa de diálisis (riñón). En el trasplante renal, las principales causas precoces de pérdida del injerto son: el rechazo hiperagudo o agudo, fallo técnico, rotura del injerto, etc.; y las causas tardías son: el rechazo crónico, la toxicidad por drogas, la recidiva de la nefropatía en el injerto y la muerte del paciente, con injerto funcionante, por causas cardiovasculares, infecciosas, hepatopatías o tumores.

Perfección corporal

Concepto idealizado de la salud (v.) que no se corresponde con la realidad, pues dicha perfección no existe; tiene en su raíz un intento cientifista de definir la salud, basándose, por tanto, exclusivamente en parámetros orgánicos. Ver cientifismo.

Perfeccionismo

m. Afán de perfección, de hacerlo todo muy bien, que genera cierta frustración (siempre se pueden hacer las cosas mejor; no salen tan bien como se esperaba) y parálisis de la actividad (por miedo a hacer mal las cosas).

Perfil uretral

Exploración urodinámica que mide la presión a lo largo de toda la uretra, en situación estática y en reposo.

Perforación

f. Lesión que rompe la pared de una víscera hueca, derramando su contenido al exterior (perforación de la vesícula, el estómago, el intestino). Ver abdomen agudo, neumoperitoneo, peritonitis.

Perforador

m. Instrumento cortante rotatorio que se emplea para hacer agujeros en huesos, y del que existen diversos modelos. En el extremo del cuerpo del perforador hay un sistema para aprisionar una broca o también una fresa o una aguja de Kirschner.