Letra Q - quiste de implantación

 

quiste de implantación

Proceso quístico como consecuencia de un traumatismo o de la implantación artificial de un tejido en otro.

quiste de moco

Quiste de retención que contiene moco.

quiste renal

Masa benigna renal con contenido líquido que puede ser único o múltiple y puede afectar a uno o ambos riñones. Se presenta en forma de quiste simple (benigno, asintomático, en relación con el envejecimiento, desde el punto de vista clínico irrelevante) o riñón multiquístico. Otros constituyen patologías serias, como las enfermedades quísticas hereditarias (poliquistosis renal tipo infantil o tipo adulto), que tienen un mal pronóstico, pues, por ejemplo, en la forma infantil conduce a la muerte en los primeros meses de vida. En la poliquistosis renal del adulto, que se transmite por vía autosómica dominante, es frecuente la evolución a la insuficiencia renal crónica terminal, en la década de los 40 a los 50 años, y su tratamiento requiere técnicas sustitutivas de la función renal mediante diálisis periódica y trasplante renal. Muy raramente puede ser un quiste asiento de una neoplasia. La ecografía es la mejor técnica diagnóstica.

quistoduodenostomía

f. Intervención quirúrgica para el tratamiento de algunos seudoquistes de la cabeza de páncreas, que consiste en abrir el seudoquiste directamente a la luz duodenal, suturando la pared del quiste a la curvadura menor del duodeno. Ver seudoquiste.

quistogastrostomía

f. Intervención quirúrgica para algunos seudoquistes de cuerpo y cola de páncreas de un gran tamaño, que se abomban sobre la cara posterior del estómago. La intevención se realiza abriendo la cara anterior del estómago y desde dentro del estómago se realiza una ventana en la pared común entre la cara posterior del estómago y la pared anterior del seudoquiste. Una vez suturada la pared del quiste a la pared del estómago queda permanentemente comunicado y vacía al estómago hasta su colapso completo. Ver seudoquiste.

quistografía

f. Técnica radiográfica que consiste en la introducción de contraste de forma percutánea para el estudio de las cavidades cerradas con contenido líquido, obteniendo de este modo imágenes con fines diagnósticos.

quistoperiquistectomía subtotal

Intervención más común para los quistes hidatídicos hepáticos que crecen hacia la profundidad del hígado. Consiste en la aspiración del contenido del quiste y la extirpación de toda la adventicia del quiste, que sobresale de la superficie del hígado. Es una intervención relativamente sencilla, pero que tiene el riesgo de dejar en la adventicia que no se extirpa fístulas biliares por perforación del quiste a los conductos biliares. Ver quiste hidatídico.

quistoyeyunostomía

f. Intervención para el tratamiento quirúrgico de la mayoría de los seudoquistes de páncreas que no se reabsorben. Consiste en abrir el seudoquiste, vaciar su contenido y suturar las paredes del quiste al yeyuno con montaje en Y de Roux. Ver seudoquiste.

quitina

f. Polisacárido formado por residuos de N-acetilglucosamina unidos por enlaces α-1,4. Forma el exoesqueleto de los insectos, los crustáceos y los artrópodos.

queilectomía de la articulación coxofemoral

Resección del reborde óseo producido en la zona extruida de la cabeza femoral, como una secuela de la enfermedad de Perthes para mejorar la congruencia articular. También se denomina capitectomía parcial.

quemadura de primer grado

Aquellas quemaduras que se denominan epidérmicas. El signo clínico típico es el eritema: la piel presenta un aspecto enrojecido, eritematoso, no exudativo. A lo largo de su evolución no suelen aparecer ampollas ni flictenas. Pueden molestar pero no producen demasiado dolor. A los cuatro o cinco días se resuelven espontáneamente, tras un proceso de descamación furfurácea. Su causa más frecuente suele ser la exposición solar excesiva o prolongada.

quemadura de segundo grado

Aquellas quemaduras en las que la afectación tisular comprende a la epidermis y a parte de la dermis. El signo clínico clásico es la flictena o ampolla. En función de la profundidad dérmica afectada, se dividen en superficiales o profundas. Las superficiales destacan por la formación de flictenas o ampollas. Son lesiones exudativas, hiperémicas, pero se conservan los folículos pilosebáceos. Si se tratan correctamente, la curación se produce a los ocho o diez días, por reepitelización, a partir de los remanentes epidérmicos presentes en los anejos cutáneos. Un tratamiento incorrecto puede hacer que la quemadura pase de ser superficial a profunda. Las profundas son dolorosas y los folículos pilosebáceos son resistentes a la tracción. Las quemaduras de segundo grado profundo afectan a estratos más profundos de la dermis; no forman ampollas (o bien se forman y rompen, llegando a la consulta sin ellas); son exudativas y con un aspecto rojizo marcado y son dolorosas. A diferencia de las superficiales, las profundas, a la tracción de los pelos estos se desprenden fácilmente, traduciendo una afectación de profundidad hasta el nivel de los folículos pilosebáceos. Cuando se tratan correctamente, la curación se produce a los diez o quince días. Toda quemadura de segundo grado profunda, que no epiteliza en un periodo máximo de veinte días, es subsidiaria de tratamiento quirúrgico.

quemadura de tercer grado

La lesión afecta a la epidermis, y todo el espesor de la dermis, pudiendo alcanzar el tejido subcutáneo. El signo clínico clásico es la escara, aunque, según el mecanismo de acción y el tiempo transcurrido desde el accidente, el aspecto de las mismas puede ser blanco o carbonáceo. Son indoloras, por la completa destrucción de las terminaciones nerviosas. Son subsidiarias de un tratamiento quirúrgico precoz, y la curación no se da espontáneamente, sino que precisa del aporte de tejidos mediante técnicas de cirugía plástica.

queratectomía fotorrefractiva

Exéresis mediante el láser excimer de una parte superficial de la córnea para la corrección de los defectos refractivos. Ver láser excimer.

queratitis dendrítica

Infección de la córnea por el herpes virus. Da lugar a unas úlceras, de aspecto arborescente, con tendencia a recidivar y que curan dejando leucomas corneales. Se trata con la aplicación de pomada de aciclovir, mientras que los corticoides están contraindicados. Ver leucoma, queratitis disciforme, queratitis metaherpética.

queratitis disciforme

Inflamación de la córnea central, de aspecto redondeado, que provoca una pérdida de la transparencia corneal, sin presencia de úlcera. Se debe a fenómenos de hipersensibilidad al virus herpes, sin existir una infección activa. Se trata con corticoides tópicos, pudiendo llegar a precisar la realización de un trasplante de córnea.

queratitis estriada

Alteración corneal que se caracteriza por la presencia de líneas paralelas como consecuencia de una pérdida de la celularidad en el endotelio. Puede suceder en el postoperatorio de la cirugía intraocular y suele ser, generalmente, transitoria.

queratitis filamentosa

Aquella que presenta excrecencias de material mucoso, adherido al epitelio corneal. Suele asociarse a cuadros de ojo seco, mejorando con la instilación de lubricantes oculares. Ver queratoconjuntivitis seca.

queratitis herpética

Infección de la córnea por el virus herpes o por reacciones inmunes al mismo. Ver queratitis dendrítica, queratitis disciforme, queratitis metaherpética.

queratitis intersticial

Inflamación crónica del estroma corneal, sin afectación del epitelio ni del endotelio, cuyo origen puede ser tuberculoso, sifilítico o en el curso de un síndrome de Cogan.